Ikigai Performance no nace en una reunión ni en un plan de negocio.
Nace de una conversación.
Un día nos miramos y nos hicimos una pregunta muy simple:
¿cómo podemos unir nuestras pasiones con nuestro trabajo?
Y ahí empezó todo.
Ikigai nace del amor.
Del amor por lo que hacemos… y del amor entre dos personas que deciden construir algo juntas.
Dos personas que cruzan sus caminos en un momento en el que ambas quieren crecer, avanzar y prosperar a nivel laboral. Desde el principio tuvimos claro que sería increíble crear algo en común, un proyecto que nos hiciera crecer a los dos. Pero no nos quedamos ahí… queríamos algo más.
Queríamos algo que nos emocionara de verdad.
Y entonces la respuesta fue evidente:
el deporte, la montaña, cuidarnos, sentirnos bien, ser personas saludables, dar lo mejor de nosotros, superarnos cada día…
Eso es lo que nos mueve.
Eso es lo que nos hace vibrar.
Y así empezó a tomar forma nuestra idea.
Durante mucho tiempo le dimos vueltas al nombre. Parecía que lo teníamos, pero siempre había algo que no encajaba del todo. Hasta que un día cualquiera, el cuñado de Marisa le envió un documento sobre la longevidad en Japón. En él se hablaba del concepto de Ikigai: el propósito de vida.
Ese punto donde se cruzan lo que amas, lo que sabes hacer, lo que el mundo necesita y aquello que te permite vivir.
Marisa lo vio claro al instante.
Ese era exactamente el concepto que llevábamos tiempo buscando.
Solo faltaba una cosa: que a David también le encantara.
Y le encantó.
Así nació Ikigai Performance.
De una idea compartida, de una pasión común… y de las ganas de construir algo que tenga sentido, que nos represente y que nos haga levantarnos cada día con ilusión.
Porque al final, de eso va todo esto.
De encontrar tu camino y disfrutarlo mientras lo recorres.